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11/28/2006 X (II)Esa noche no pudo dormir, ni tampoco las que le precedieron. Tuvo que desconectar el sistema de comunicación porque cada hora recibía mensajes de reclamo, pidiendo una explicación y ordenándola que volviese a intentarlo. Si esta vez habían hecho la vista gorda con ella, es porque nunca había fallado, siempre había realizado sus misiones a la primera y decidieron darle un voto de confianza. Pero, pese a ello, no podía volver a intentarlo, no sabía porque pero siempre que cerraba los ojos recordaba aquella miraba fija en la suya. Le atormentaba el no saber porque no podía hacerlo, pero más le atormentaba el no saber porque él la había dejado escapar. Hacía ya más de una semana cuando, mientras estaba nadando en su inmensa piscina, sonó el teléfono. Salió del agua, se puso un albornoz de color negro y contestó. Nunca había oído su voz pero le reconoció al instante. Era él. ¿Cómo era posible? ¿Cómo había conseguido el teléfono de su casa? ¡Si no lo conocía prácticamente nadie! ¡Si tan siquiera sabía su nombre! Su voz era cálida y por su expresión se adivinaba que había recibido una buena educación. Lo único que le preguntó fue porque no le había disparado. Y ella solo le contestó que porque le había dejado marchar. Ninguno tenía respuesta. Solo que no pudieron hacer nada más. Cuanto más tiempo pasaban hablando más cercano le parecía, ya no solo eran sus ojos los que se anclaban en su mente, ahora también era su voz. Y entonces, recordó a un joven de ojos negros que había conocido en la facultad de química. Nunca habían hablado pero siempre se miraban y sonreían al cruzarse por los pasillos. Ella siempre pensó que algún día terminarían conociéndose. Pero de repente un día él desapareció y ella lo había olvidado. Hasta hoy. Pero aún existía otra duda que la intrigaba. ¿Por qué le habían ordenado matarle? Era dulce, simpático, educado… y, ¿porque no decirlo?, muy atractivo también. Pero él no tuvo respuesta para eso. Es cierto que su empresa farmacéutica le aportaba grandes beneficios, pero si es eso lo que les interesaba, les habría sido más rentable un secuestro. ¿Para que matarle? Al día siguiente decidieron verse de nuevo. Por primera vez en su vida, se sentía impaciente. Él la esperaba en un barco anclado en el puerto. Pasaron todo el día navegando, comieron en la cubierta y se bañaron en el mar. Durante todo el día estuvieron hablando de su vida. Aunque no mencionaron lo ocurrido en esas últimas dos semanas. Por la noche fueron al teatro. Había sido un día de ensueño que culminó con una cena en el gran complejo donde se había infiltrado días antes. Después de cenar tomaron champagne en una enorme terraza desde donde podían verse todas las estrellas del cielo, solo eclipsadas por las lejanas y brillantes luces de la ciudad. Entonces volvieron a mirarse a los ojos del mismo modo que la primera vez que se vieron y se deshicieron en un apasionado beso. En la cogió en brazos y atravesando una cortina entró en su dormitorio y la arrojó sobre la cama. En segundos se habían arrancado toda la ropa, sin dejar de besarse, sin dejar de mirarse. El recorrió todo su cuerpo con las yemas de los dedos y luego suavemente con sus labios, milímetro a milímetro. Sus cuerpos sudorosos estaban totalmente fundidos. Entonces él la abrazo e hicieron el amor, como nunca lo habían hecho. Comments (7)
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