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2006/04/19 El Último ViajeAnne estaba desayunando cuando sonó el teléfono, era su agente de viajes que llamaba para confirmar su reserva. Siempre había soñado con ir a ese país algún día, conocer cada uno de sus rincones, de sus enigmas… En un mes estaría en Egipto, pero antes tenía trabajo que hacer, así que se puso unos vaqueros y una camiseta amarilla, se calzó sus deportivas de igual color y salió corriendo, tirando de la puerta tras de sí. Ya llegaba tarde.
Siempre habían creído en la libertad y después de muchos años de lucha, ella y Ben con la ayuda de la asociación habían conseguido salvar la vida de aquel hombre. Ni siquiera había cometido el delito por el cual había sido acusado, pero aunque así fuese la muerte nunca es la solución y aquel hombre ya había cumplido su penitencia.
La multitud se agolpaba frente a las puertas del juzgado donde se había llevado a cabo la apelación y los gritos de alegría se mezclaban con las encolerizadas frases de los que abogaban a favor de la pena de muerte. Aquel debía ser un día festivo pero en cuestión de segundos la concentración se convirtió en batalla, pues aquellos que estaban descontentos con la resolución decidieron tomar la justicia por su mano. Todo fue muy rápido, Anne apenas tuvo tiempo de dar media vuelta cuando vio como en sus ojos se clavaba la mirada de aquel joven. No sintió el dolor, ni siquiera sintió el frío. La bala salió del cañón, atravesó su pecho y rompió el cristal del escaparate que se encontraba detrás de ella sin que tuviese tiempo ni de pestañear.
Ben corrió hacia ella y la recostó sobre sus rodillas para intentar tranquilizarla, o quizá tratando de tranquilizarse él mismo, mientras esperaba la llegada de una ambulancia:
- No te preocupes Anne la ayuda está en camino. - Tranquilo no estoy preocupada, ya no tengo por qué – respondió Anne mientras su camiseta se iba volviendo cada vez más roja. - ¿Qué quieres decir con eso? ¿No estarás pensando que…? No, no digas tonterías. - No son tonterías, llevábamos años luchando por la libertad y hoy lo hemos conseguido, nunca me he sentido mejor y puede que nunca hubiese vuelto a sentirme así, así que ya no tienes que preocuparte por mí. Así es como debe ser. - Te equivocas, no debe ser así y no será. Además debes ponerte bien pronto, porque en un mes te vas de vacaciones. - Oh Ben! Los dos sabemos que desde aquí ya no iré a ningún sitio. – Ben trató de reprimir las lágrimas al admitirse que estaba en lo cierto y lo peor es que ella lo sabía. - No puedes dejarme, no ahora. ¿Qué voy a hacer sin ti? - Pues recordarme y seguir adelante. - Eso es muy fácil de decir. – dijo Ben mientras rompía a llorar. - Eso es lo que harás. Y no quiero lágrimas ni caras tristes, porque yo no lo estoy. Ahora lo que tienes que hacer es organizar una gran fiesta de celebración, como hubiéramos hecho si esto no hubiese pasado. No quiero funerales, lágrimas, ni gente vestida de negro. No quisiera veros así. Divertiros, emborracharos y brindad por mí. - No puedes pedirme eso. - Ya lo he hecho. Y no llores porque te estaré viendo. - Pero… - Promételo. - Está bien… te lo prometo. - Sé feliz. – le respondió con una sonrisa.
Y esas fueron las últimas palabras de Anne antes de dormir para siempre. Ben la abrazó mientras reprimía sus ganas de llorar, se lo había prometido y el nunca faltaba a una promesa.
Una semana después comenzaba una gran fiesta en una de las mayores salas de la ciudad. Había música, comida y mucho ron. Decenas de fotos de Anne cubrían las paredes. En todas sonreía, estaba fantástica, como siempre. Habían acudido una centena de personas y todas hablaban bien de ella, y no los típicos buenos comentarios que se hacen de la gente que ya no está, ella era estupenda y todos la apreciaban de verdad. La echarían de menos y, aunque más de uno no pudo evitar que sus ojos se humedecieran al hablar de ella, todos se divirtieron y la recordaron con una sonrisa.
A miles de kilómetros de allí, Ben alzaba la vista para contemplar la impresionante pirámide de Keops. Un día le prometió que la acompañaría hasta Egipto y eso fue lo que hizo, acompañarla en su último viaje. Aunque en persona ella no estuviera allí, el podía sentir que estaba con él, y fue sus ojos por unos minutos, para después marchar dejando que las cenizas de su esencia se fundieran para siempre con la arena del desierto. 2006/04/12 Fotos del viajeBueno gente! Por fin hice la selección de fotos del viaje a Viena y Praga. Seguramente me haya dejado fotos buenas... y haya elegido muchas en las que yo salga... pero lo he hecho muy deprisa y además, ¿de quién es el blog?
No he conseguido bajar de las 200 como pretendía (201 hay de hecho :p) asi que ver las que querais. Y tanto si vinisteis como sino, espero que las disfruteis.
Tenemos que repetirlo! |
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